¿Qué les queda a los jóvenes?

Gracias por tus palabras, Mario. 


¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de paciencia y asco?
¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
les queda respirar / abrir los ojos
descubrir las raíces del horror
inventar paz así sea a ponchazos
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte
esa loca de atar y desatar

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
también les queda discutir con dios
tanto si existe como si no existe
tender manos que ayudan / abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno /
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines de pasado
y los sabios granujas del presente.


-Mario Benedetti-

49

Y de nuevo la muerte. Tan lejana. Tan impersonal. Tan distante. Es sólo un número se dicen a sí mismos, 49 cuerpos vejados, violentados. Tenían tatuajes. Cuánta tranquilidad. 

La muerte que no se espera, que se agazapa y te toma por sorpresa. ¿Cuánta gente muere sin que sepamos? Millones. Pero esto duele diferente. Duele México, duele Nuevo León. Duele cada una de las personas que han perdido la vida. Con cada un de ellos se ha ido la esperanza de que mejore, de que algo cambie. No sé qué, pero algo. 

Read More

Sobre la muerte

Desde que tengo memoria me he querido ir de mi casa. Y esto no tiene nada que ver con mi familia, porque no imagino haber nacido con otros papás y otros hermanos. Son mi adoración y aunque suene re cursi, son mi razón de ser, pero siempre he tenido esta necesidad de irme, de moverme, y nunca se me había presentado la oportunidad, o mejor dicho, nunca me había puesto a concretarla, hasta el año pasado que decidí irme al DF a conseguir trabajo. 

Más feliz no podía estar, a pesar de que no tenía una casa que pudiera llamar mía o un trabajo. Después, como ya he contado en posts anteriores conseguí un proyecto que me movió a León, Guanajuato. Los primeros días fueron difíciles, pero hoy la verdad es que no tengo ni tiempo de pensar en nada fuera del trabajo porque apenas tengo tiempo para comer y dormir. 

Una de las tantas razones por las que no me iba de mi casa antes, y siempre buscaba excusas para quedarme era porque tenía miedo, miedo a que pasara algo malo o fuerte en mi casa y yo no pudiera estar ahí. Y justo como pasa siempre, sucedió una tragedia (de las tantas que han pasado en los últimos años): se murió el novio de una de mis hermanas menores. 

Read More

Violencia verbal y otros males

Antes escribí sobre los hombres que gritan a las mujeres en la calle y sobre cómo desde esos episodios empecé a contestarle a aquellos que osaban gritarme cosas en la calle.

No sé si es la ciudad o qué, pero en León más que en ningún otro lado, el griterío y los comentarios lascivos y ofensivos están a la orden del día. Ya medio me acostumbré a esa rutina de ‘me miras sucio, te contesto’. ‘Me gritas, te contesto’. Pero ayer fue diferente. Ayer por primera vez sentí miedo por mi integridad, por mi seguridad.

Read More

Maria Rocío

A María Rocío le ofrecieron 500 pesos por su cuerpo. Estaba esperando la ruta 80 del camión. Sinceramente, no tengo idea a dónde llega, pero asumo que no era la mejor colonia o el mejor lugar para ir. 

Es domingo de resurrección y estoy sentada con un amigo en la plaza central en León. El clima está bastante decente, rayos de sol por aquí y por allá. Suenan las campanas que llaman a la misa de las 5:30 de la tarde. Perdón, a las 17:30 hrs. Pero eso nos tiene sin mucho cuidado porque comemos despreocupadamente como casi siempre, con la ventaja de que hoy es domingo y no hay mucho trabajo por hacer. O mejor dicho, somos excelentes postergadores y dejamos todo para cuando sea absolutamente necesario. Ni modo. 

Read More

matadornetwork:

You had a tattoo of a tree on the back of your shoulder. You said it was a tree on the side of the road near your house, a solitary tree in an empty field that had been there since your childhood, and it was meant to remind you where you came from. I glimpsed that tree for the first time…

Site of love

Today, 13 years ago, Jaime Sabines died and made the world a place a little more ugly.

This is one of my Sabines’ favourite poems (dedicatory included) 

—————

Site of love, place where I lived

at a distance, you, unknown, 

beloved whom I kept silent, gaze that I have not seen, 

lie that I was told and have never believed: 

in this hour in which we two, without being both, 

in grieving and hatred and death loved each other, 

I am, or am I — if only I were!— 

loving you, crying for myself, lost. 

(This is the last time I will love you. 

I tell you this and I mean it). 

Things I don’t know, have never learned, 

with you, now, here, I have learned them. 

In you my heart grew. 

In you my anguish was formed. 

Beloved, place where I come to rest, 

silence in which I suffer. 

(When I look at your eyes 

there’s a child un my mind.) 

There are hours, hours, hours, in which you are as absent 

as all I tell you. 

Your heart at the surface of your skiing, your hands, 

your smile lost around a cry, 

this heart of yours again, so poor, so plain, 

and this step of yours looking for me where I have not gone: 

all this that you do and don’t do sometimes 

is like a way of fighting with you. 

Girl of the horrors, my fallen heart, 

you see now, girl, my love, the things I way. 

Pasar por el corazón

Ojo por ojo y el mundo acabará ciego” 

Gandhi

Odio. El odio que engendra violencia, que a su vez engendra más violencia. Víctimas y victimarios por igual envueltos en un torbellino de inquietud, de terror. Miedo. Ningún lugar es seguro, porque ‘el otro’ se nos presenta como el enemigo número uno, el ‘otro’ que en estos tiempos bien pudiera ser cualquiera.  Todo aquello que amenaza nuestra supervivencia merece y debe ser exterminado, cueste lo que cueste, le pese a quien le pese. Al hombre se le olvida que el otro también es humano y que merece ser reconocido como tal. 

Muertos todos los días. Gente secuestrada, levantada, vejada. Personas que mueren de hambre, jóvenes sin acceso a la educación, padres, familias enteras que no tienen cómo sostenerse y tener lo más básico. No hablemos de comodidades, de encontrar la felicidad o su razón de ser en el mundo. Pan en el estómago.

Eso también es violencia. 

Read More

Antes de leer, favor de ver este video y poner atención a la canción Latinoamérica de Calle 13. 

Yo tengo la teoría, tal vez muy boba, que uno no lee un libro hasta que no debe leerlo. Me ha pasado en numerosas ocasiones: intento leer alguna novela y de la nada lo dejo ahí como un recordatorio que soy una inconstante. Luego, me digno a retomarlo desde el inicio y me lo aviento en unos cuantos días o si de plano me da la locura, lo termino en una noche. No sé si a alguien más le suceda, pero es la razón por la que creo que uno no escoge el libro, sino viceversa. 

Eso me pasó con “Cien años de soledad”. 

Mi mejor amiga es una freak del Gabo, lo ama con locura y pasión, obviamente cuando recién la conocí fue de las primeras cosas que tuvimos en común, pero a diferencia de ella, yo nunca había leído “Cien años…”, había intentado, en numerosas ocasiones, pero nunca pasaba de las primeras 60 páginas. Incluso en alguna ocasión me dijo que no podíamos seguir siendo amigas si no había leído el libro. En alguna otra me dijo que no podía gustarme la literatura latinoamericana y no haber leído ese libro. La cosa es que nunca podía hacerme terminar la novela, en algún punto de su enredadera de personajes, perfectamente estructurada por supuesto, me perdía y el libro quedaba de nuevo en el librero. 

Una vez con un significant other intenté hacer un círculo de lectura para leer exclusivamente ese libro. Fracasamos a las dos semanas. Con otro grupo de amigos intenté algo parecido pero con “LOS GRANDES DE LA LITERATURA LATINOAMERICANA”, el Gabo y su obra maestra estaban ahí. Gran fail

Y un día así de la nada lo tomé de nuevo. Ahí estaba, con su célebre y bien conocido: Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en su padre lo llevó a conocer el hielo.” Recordé varios pasajes leídos con anterioridad. Subrayé cosas nuevas, busqué entender por qué había subrayado otras en mis lecturas previas. Todo bien.

Vacaciones familiares en la playa. El Gabo era ideal para llevar frente al mar. Lo soporífero de Macondo en las letras va muy bien con el trópico. Calor, humedad, lluvia. Sudor excesivo, ergo, ropa pegándose al cuerpo. Sol y noche de brisas húmedas con trago en la mano. El siempre importante y provocador contoneo de cadera. La mirada del extraño que mide con sus ojos, a lo lejos, el tamaño exacto de los pechos que no pueden ser contenidos dentro de la breve y diminuta blusa. El calor, siempre el calor. Calor de playa. Calor del cuerpo. Del propio y de otros. 

Cuatro o cinco días me duró Macondo. Lo más, porque devoré el libro, porque no existe otra manera de leerlo si no es a grandes tajadas, en interminables fragmentos. Fue el clima ideal, mi lectura se plagó de esa sensación de verano eterno, de América Latina. 

Entiendo eso que dicen que América Latina no es sólo realismo mágico, y que el continente va más allá de Macondo, de veras que lo entiendo, pero no puedo estar completamente de acuerdo después de leer este libro. El continente es, entre muchas otras cosas, ese pueblo imaginado por García Márquez. “Un pueblo sin piernas, pero que camina”, así lo explica también una canción. Somos finalmente un continente de contrastes, de irrealidades. Gabo lo refleja bien en toda su obra, pero en particular en “Cien años de soledad”. Si Macondo existe y es posible, existe y es posible en cualquier lugar de América Latina. Fuera de este continente no hay nada. 

En fin, no me desvío del tema. Y digo lo último: América Latina no puede ser entendida sin el Gabo y viceversa. Yo hablo de esa América que le debe al colombiano, y del colombiano que se debe al continente. No hay uno sin el otro. ¡Feliz Cumpleaños atrasado, señor! 

La nostalgia de las cosas

No creo que sea una cosa generacional, va más allá de la moda actual. A todos nos pasa, muchos de nosotros tenemos una fijación con las cosas del pasado. Aquello de que todo tiempo pasado fue mejor, puede ser cierto en varios casos. Hoy hablaré por mí, siéntanse libres de ponerse en mi lugar. 

Puedo tener el celular más nuevo, pero tengo una app que me deja modificar mis fotos para que se vean vintage u oldies, como si las hubiera robado del álbum de mi abuela. Me encanta la ropa, y me acaban de llegar mis vestidos de Jason Wu for Target, pero me desvivo por ir a mercados y tiendas de ropa a buscar tesoritos vintage para combinar. Soy una asiuda compradora (y lectora, obvio) de libros, pero como los diseños de las editoriales en español no me gustan, busco casi siempre ediciones más viejitas porque tienden a ser lindas (además del olor, obvio. El olor a libro viejo es de mis favoritos, junto con el del café). El único reloj que tengo y que sí uso, era de mi abuelo. Compro viniles viejitos para escuchar música de abuelos (como varias personas me han dicho). Una ene cantidad de cosas de mi día a día involucran cosas del pasado. 

Read More