Al maestro, con cariño.
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El futuro está en apoyar los proyectos independientes haciendo comunidad y cooperando para que más ideas se conviertan en algo concreto.
La palabra posada viene del verbo posar en su conjugación en participio. La palabra tiene su origen en el latín pausare, que significa detenerse. De ahí que a algunos lugares se les conozca como ‘posada’, pues ahí la gente hacía una parada a descansar, comer y/o dormir.
La RAE define la palabra como:
Lugar donde por precio se hospedan o albergan personas, en especial arrieros, viajantes, campesinos, etc.
Alojamiento que se da a alguien.
En México y en América Latina, existe una tradición católica ligada a esta palabra y se conoce como ‘pedir posada’, es decir pedir que alguien nos reciba en su casa. En teoría Las Posadas, se llevan a cabo 9 días antes de Navidad, y representan el viaje de María y José buscando un lugar para prepararse para el nacimiento de Jesús. Durante la época colonial, fueron usadas como una manera de evangelizar a los indígenas y adentrarlos al catolicismo.

Si ustedes, como yo, son unos ñoños de las palabras, de seguro se han preguntado en repetidas ocasiones por el significado de las mismas.
Hoy quisiera hacer aclaraciones breves y pertinentes sobre la palabra ‘bizarro’.
Contrario a la creencia común, bizarro en español no significa raro. Es decir que cuando usamos el adjetivo en un contexto para decirle a alguien que algo está fuera de lo común, lo usamos mal.
En inglés y en francés, bizarre, denota una cualidad de algo o alguien fuera de la norma, pero en nuestro lindo y hermoso idioma, la palabra bizarro, es tomada del italiano bizzarro, y se refiere a una cualidad de valentía.
Para que vean que no miento, la RAE en el Diccionario Panhispánico de Dudas, aclara lo siguiente:
bizarro -rra. En español significa ‘valiente, esforzado’: «Llega el capitán Andrés Cuevas, un bizarro combatiente al mando de un pelotón» (Matos Noche [Cuba 2002]); y ‘lucido, airoso’:«Vuestra juventud reverdecerá más bizarra y galana que nunca» (Luján Espejos [Esp. 1991]). Debe evitarse su empleo con el sentido de ‘raro o extravagante’, calco semántico censurable del francés o del inglés bizarre: «—Es un nombre bizarro. —No cuando se ha nacido en Sídney y se es australiana» (Leyva Piñata [Méx. 1984]). Tampoco debe emplearse bizarría con el sentido de ‘rareza o extravagancia’.
En sus inicios, la palabra bizarro significa iracundo, furioso, fogoso. Así que la próxima vez que busques un adjetivo para alguien valiente, utiliza la palabra bizarro. Cuando quieran decir que algo es raro, les aconsejo que utilicen esa palabra o sus sinónimos como: raro, extravagante, excéntrico, extraño, grotesco, y una larga lista.
Si les interesa conocer un poco más sobre la posible historia de esta palabra, les recomiendo visiten sitios de etimologías.
Ya sé, el 2 de noviembre pasó hace bastantes días, pero yo estuve bien enferma y no pude escribir nada al respecto. Así que con toda la tardanza de una gripa que apenas va saliendo de mi organismo, les cuento cómo fue Día de Muertos en el 2012.
La verdad es que en mi casa no tenemos la costumbre de festejarlo, tampoco Halloween, en ese sentidos somos más bien apáticos, pero este año, por razones especiales decidimos hacer un altar para honrar la memoria de alguien muy querido, que perdimos este año.
Confieso que fue una experiencia muy padre investigar qué se pone y cómo se pone, los niveles, lo que representa cada cosa, y demás. Dadas mis condiciones de salud, no pude hacer una calaverita, pero al parecer en mi casa hay mucho talento para escribir y Silvia (mi mamá) y Sylvia (mi hermana), hicieron unas muy padres que les comparto el día de hoy. Enjoy!
Calaverita 1
Por Silvia
Se iba temprano de viaje
Mas otro era su destino
Allá no ocupaba equipaje
Alguien lo chocó en el camino
Antes de Semana Santa
Tenía prisa por llegar
Para mirar desde el cielo
A Jesús resucitar
Ahora lo entiende tanto
No se debe preocupar
Sabiduría le viene de lo alto
Ya no tiene que estudiar
Le gustaban los tostitos
Con chilito y con clamato
También el andar descalzo
Por el piso sin zapatos
A mamá o a papá se parecía
Preguntó alguien en su funeral
Mas frente a su fotografía
Alguien dijo a John Lennon es igual
Intelectual de familia viene
Ha escrito poemas varios
Y a todos atentos tiene
Cuando los lee allá en los columbarios.
Abiel deja ya de rimar
La Catrina le rompe el encanto
Vente conmigo a bailar
Aunque no te guste tanto.
Calaverita 2
Por Sylvia
Yugi Oh Abiel jugaba
Cuando llegó la Flaca y le dijo:
yo a ti no te llevaba,
Esas greñas que tienes
A cualquiera espantan.
Pelona, envidia me tienes,
Mejor a un duelo de Yugi te reto.
Sé que preparada no vienes
Así que muéstrame respeto.
Con sus cartas y deck en mano
Abiel a la Huesuda venció,
Y ella alegremente le recordó:
Yo sin ti no me voy greñudo hermano.
Y ahora de bar en bar andan
como grandes amigos
Bebiendo vodka y
Acordándose de los vivos.
No seas chiflada Sylvia,
Decía Abiel cuando se dolía,
junto con un abrazo
y un beso terminaban el día.
Ahora que Abiel se fue
A pasear con la colorida Catrina,
Sylvia está en el rincón de una cantina
Esperando su canción y su tequila.
Sólo con las canciones
de José Alfredo se entiende,
Cantando pasiones
Que el greñudo no atiende:
Yo lo que quiero es que vuelva,
Que vuelva conmigo
El que se fue ♪
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Después de meses de tenerlo ahí medio leyéndolo, terminé “Para no olvidar” de Clarice Lispector, y les voy a decir que cada que leo algo de esta señora, reafirmo más mi gusto por su obra.
Su escritura es delicada, tiene un ritmo suave que hace que las páginas se te vayan como el agua. Tiene una precisión con las palabras que no deja de sorprenderme.
Mi estación favorita es el otoño y mi mes favorito es octubre. Aunque soy de Monterrey, jamás he podido acomodarme a los calores infernales que hay aquí. Soy feliz cuando termina el verano y el clima comienza a ser un poco más fresco y hay menos sol.
Me gusta el aire fresco, las montañas, las nubes, poder caminar en la calle sin derretirme. Usar ropa padre: jeans, cardigans, botitas, leggins. Un suetercito por aquí y otro por allá. Una pashmina o bufanda de vez en cuando.
De una manera u otra siempre he estado ligada a septiembre, y aunque no es mi mes favorito del año, le tengo un especial cariño, primero porque cumplo años, y segundo porque pasan demasiadas cosas.
Informe presidencial, Batalla del Castillo de Chapultepec, la Independencia de México, el terremoto del 85, la Fundación de Monterrey, la Consumación de la Independencia. En general el més más mexicano que se puedan imaginar. Creo que de ahí viene mi patriotismo (bueno o malo), mi afición y amor a mi país.
Me encanta el olor a café, aunque no me gusta tomarlo, la esencia es mi favorita en el mundo. No puedo evitar antojarme, cuando veo que alguien está disfrutando de una taza, pero mi lengua tiene una predilección por los sabores extremadamente empalagosos.
Se me antoja a veces agarrar una taza de peltre y calentar un cafecito de olla con piloncillo. O una taza de cerámica para un americano, o una tacita para espresso. Pero no puedo. Me sabe demasiado fuerte y mis pápilas gustativas no lo aguantan.

Ha pasado demasiado tiempo desde la última entrada de este blog. Y el texto ni siquiera es mío. Bummer!
Les explico. He tenido mucha incertidumbre en mi vida y me la he vivido un poco de un lugar otro y de un trabajo a otro, o algo así. El punto es que han pasado cosas, pero no he tenido tiempo y/o cabeza para sentarme a escribir.
Ahorita, por ejemplo, aprovecho mi hora de comida para venir a decir hola y a contarles lo último que ha pasado.
León es #132.
Fue una grata sorpresa. Muy. Justo días antes, un taxista regañaba a una de mis hermanas por haber ido a la marcha #YoSoy132 en Monterrey, y le comentaba que aquí, en León eso no iba a pasar, aquí la gente está muy bien, y ellos no son así. ‘¡Qué bueno!’
Pero resulta que no era así. Saliendo el domingo del depa, justo en el Arco de la Calzada, ahí estaban. Jóvenes, y no tan jóvenes, con pancartas y consignas que se hermanaban con los movimientos de otras ciudades. ‘León es #132’, decía una. Otra que no recuerdo bien hablaba de la Utopía, y de las posibilidades de soñar con una.
No fue una marcha numerosa, pero los que estábamos ahí, era, como en todos los casos, por gusto, por convicción. No por tortas, sino por huevos. Por la necesidad de decir: NO ESTOY DE ACUERDO con este México.
‘Hay que estudiar. Hay que estudiar. El que no estudie como Peña va a acabar.’
‘Si hay imposición, habrá revolución.’
‘Ni gaviotas, ni copetes…’
Consignas que ya se usaron antes y que pegan, porque el mexicano se ríe de la tragedia, la desgracia la hace broma. El sentido del humor para irreverenciar todo, y aún así denuncian una realidad con la que no están/estamos conformes. Denuncian que esperan más de los candidatos a presidente, exigen que se les informe con la verdad, sin adornos. Buscan que la gente vaya a votar, pero no por borrega, sino porque pensó y razonó su voto. No es nada del otro mundo, pero ese mundo no es México y aquí es necesario hacerle saber a la gente que los modos de antes no pueden prevalecer más.
Modos que intentaron permear en la marcha. Con adultos que intentaron sabotear y ensuciar con propósitos partidistas. Adultos que a la antigüita, quieren imponer su demandas y sus preferencias políticas. Pero no aquí.
- ¡Fuera, fuera!- por un lado.
- ¡Fuera, fuera!- del otro lado.
Por todos lados. Todos. Nadie estaba dispuesto a soportar eso. Mucho trabajo ha costado convencer, mucho a costado sacar a los mexicanos del letargo en el que normalmente nos encontramos, como para que venga cualquiera a querer imponer su ley, como se acostumbra a hacer.
Esta manifestación no fue diferente a las otras. Hablaron algunos para explicar qué buscan. Terminamos con el Himno Nacional, y esa letra nunca había tenido tanto sentido. Ahí habíamos mexicanos al grito de guerra. Soldados, sí, pero de una guerra contra un gobierno autoritario, impositivo. Una guerra contra la desinformación y la intolerancia. Una guerra contra los verdaderos enemigos de nuestro maltratadísimo país; y esa es una guerra que bien vale la pena pelear.
Ya no soy estudiante, pero igual #YoSoy132.
Y de nuevo la muerte. Tan lejana. Tan impersonal. Tan distante. Es sólo un número se dicen a sí mismos, 49 cuerpos vejados, violentados. Tenían tatuajes. Cuánta tranquilidad.
La muerte que no se espera, que se agazapa y te toma por sorpresa. ¿Cuánta gente muere sin que sepamos? Millones. Pero esto duele diferente. Duele México, duele Nuevo León. Duele cada una de las personas que han perdido la vida. Con cada un de ellos se ha ido la esperanza de que mejore, de que algo cambie. No sé qué, pero algo.
Desde que tengo memoria me he querido ir de mi casa. Y esto no tiene nada que ver con mi familia, porque no imagino haber nacido con otros papás y otros hermanos. Son mi adoración y aunque suene re cursi, son mi razón de ser, pero siempre he tenido esta necesidad de irme, de moverme, y nunca se me había presentado la oportunidad, o mejor dicho, nunca me había puesto a concretarla, hasta el año pasado que decidí irme al DF a conseguir trabajo.
Más feliz no podía estar, a pesar de que no tenía una casa que pudiera llamar mía o un trabajo. Después, como ya he contado en posts anteriores conseguí un proyecto que me movió a León, Guanajuato. Los primeros días fueron difíciles, pero hoy la verdad es que no tengo ni tiempo de pensar en nada fuera del trabajo porque apenas tengo tiempo para comer y dormir.
Una de las tantas razones por las que no me iba de mi casa antes, y siempre buscaba excusas para quedarme era porque tenía miedo, miedo a que pasara algo malo o fuerte en mi casa y yo no pudiera estar ahí. Y justo como pasa siempre, sucedió una tragedia (de las tantas que han pasado en los últimos años): se murió el novio de una de mis hermanas menores.
Antes escribí sobre los hombres que gritan a las mujeres en la calle y sobre cómo desde esos episodios empecé a contestarle a aquellos que osaban gritarme cosas en la calle.
No sé si es la ciudad o qué, pero en León más que en ningún otro lado, el griterío y los comentarios lascivos y ofensivos están a la orden del día. Ya medio me acostumbré a esa rutina de ‘me miras sucio, te contesto’. ‘Me gritas, te contesto’. Pero ayer fue diferente. Ayer por primera vez sentí miedo por mi integridad, por mi seguridad.